sábado, 29 de diciembre de 2012

Productos y servicios



Prácticamente, casi todo lo que nos rodea se encuentra degenerado y fabricado para degenerar. Desde la música que escuchamos hasta las ropas que vestimos.
Estamos mal acostumbrados de que si queremos consumir algo, tenemos que aceptar las consecuencias negativas que este conlleva, estamos mal acostumbrados a aceptar un daño por una comodidad disfrazada de beneficio.

Parece ficción, que mucho de lo que el hombre hace, está fuera de equilibrio, y que a la larga, es más el daño que el beneficio que ocasiona, sea cual fuese generalmente un producto o servicio. La comida tiene demasiados químicos en un porciento importante, la música resulta dañina para los nervios y para el cerebro, los aparatos eléctricos tienen consecuencias a nivel magnético por sus ondas, etc.

La vida debe ser maso menos equilibrada. No es normal aceptar un beneficio que conlleva incluido efectos secundarios. Debemos de dejar de comprar aquellos productos del monopolio y que ni siquiera se preocupan por una verdadera calidad, no aman a sus clientes, no respetan a sus consumidores. Pero más aún peor es que no nos respetamos nosotros mismos. Tenemos el derecho y el deber de exigir artículos y servicios adecuados y saludables, además de sustentables, que no dañen nuestro hogar. Debemos exigir que aquellas empresas dejen de matar nuestro ambiente para fabricar sus productos y en colmo, de una tecnología obsoleta y dañina. Si el mercado nos pide actualizarnos constantemente, tenemos derecho también de exigir que ellos se actualicen también, para los tiempos que estamos es patético que no se reajusten las estructuras en los procesos de fabricación. Nos vemos estafados y manipulados constantemente. Engañados, ultrajados, por aquellos astutos que abusan de la ignorancia.