viernes, 12 de octubre de 2012

“No ah visto bien” Alguien alguna vez y en algún lugar, lo pensó.




Cierto día, a una persona los dioses le obsequiaron el regalo de saber cuando sería su muerte para poder modificar su destino a su total antojo. Al tener tal conocimiento, se dio cuenta de que su muerte estaba tan pero tan cerca, que podía sentir su aliento en su cuello. La persona al saberlo, inmediatamente respondió que quería seguir viviendo. Entonces así fue, los dioses le dieron un periodo de tiempo para demostrar que merecía ampliar el periodo de su vida. Pero al poco tiempo le llamaron de nuevo, diciéndole que le quitarían su oportunidad de vivir más. A lo que la persona respondió: -no! ¿Por qué? por favor quiero seguir viviendo!-  Y los dioses contestaron: ¿por qué? si ni si quiera amas ese cuerpo que se te ah prestado, lo detestas profundamente, te disgusta su aspecto, trastornas su salud, realmente no pareciera que quisieras conservarlo mas tiempo, si no todo lo contrario.
 - Ciertamente, es verdad lo que dicen. Que ciego… ¡disculpen por favor, Por favor denme otra oportunidad, tengo una gran familia que mantener! -
 Sus motivos al parecerles justos, le concedieron su deseo. Y así fue. Tuvo otro periodo de tiempo de prueba. Pero al poco tiempo fue de nuevo llamado. - Esta vez ¿qué hice? me eh aceptado tal cual soy y  eh cuidado mi salud.- dijo el pobre hombre decepcionado de si mismo.

 -Detestas profundamente vivir. Llegas a tu casa de noche, después de trabajar, fastidiado de la vida, queriendo olvidarte de ella durmiendo, teniendo esas ilusiones nocturnas equivocadamente llamadas sueños. No te gusta vivir, no amas tu vida.- Aclaró uno de aquellos seres que son “sobrenaturales”, según nosotros los humanos.

-oh… cielos, cuanta razón hay en su boca, señor alado… ¿Seria mucho pedir otra oportunidad?...Quisiera poder escuchar a mi pequeña Aurora decir “papa”… - sollozó un poco al contener el profundo llanto naciendo en su interior, aquellas ultimas palabras para si mismo al recordar a sus pequeños hijos, en especial a su pequeña bebe de dos meses.

 Y esta vez, al observar la humildad de sus palabras y el valor que le condecía su familia, decidieron que era tiempo de darle la aclaración directamente. -Esta bien, pero el precio para conservarla será amarla, amarla profundamente y ser feliz. Ese será tu precio para conservarla. Amar y ser feliz.- Después de eso, aquellos seres, no le probarían mas, pues ya había nacido en aquel hombre lo único que le hacia falta para la prueba pasar, ya había valorado su vida con todo y lo que viniese incluida en ella.

-Creo que es un precio bastante justo...- Algo dentro de él se quebró, y dejó salir una considerable chispa de paciencia.

Fin.

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